Oyendo voces que ya no intimidan


“Hace dos días me baje del autobús detrás de alguien para recriminarle, porque las voces me dijeron que él quería hacerme daño; sin embargo, respire hondo para relajarme y pensé que no valía la pena alegar con extraños. Es más, decidí no hacer caso a la voz y seguí mi camino” (Emmanuel, un miembro del programa de recuperación).

Muchas más personas de las que suponemos oyen voces. En unos casos, corresponden al síntoma llamado alucinación auditiva, el cual suele contener mensajes amenazantes, que junto a los delirios, están presentes en la esquizofrenia como en otras condiciones mentales. Sin embargo, más son las personas que oyen voces y no se sienten amedrentadas por ellas. De estas, unas corresponden a cambios fisiológicos normales y otras a factores culturales. Por otro lado, para el “Hearing Voices Movement” (2017), oír voces no es anormal, sería un aspecto más de las diferencias humanas, como ser zurdo o bisexual.

Oír voces y factores fisiológicos

Se describe que las largas caminatas, trabajos extenuantes y deshidratación, pueden provocar reacciones sensoriales (ilusiones) de naturaleza adaptativa mientras el organismo se repone. Del mismo modo, la exposición a melodías (conciertos) y ruidos intensos (explosiones) pueden generar reactividad auditiva en forma de ecos durante algún tiempo. También, si una persona se halla expuesta a un ruido persistente como la caída del agua en una cascada, puede producirse imágenes auditivas distorsionadas que se asemejan a las voces humanas.

Oír voces y factores culturales
El moldeamiento social también influye en la reactividad sensorial. Por ejemplo, en una noche oscura y ausente de ruidos, algunas personas sugestionables y creyentes, describen oír voces de las montañas, de los espíritus y otros. También, es posible que el miedo o la fe en algunas culturas, estén en la base de estas experiencias, sin que por ello necesariamente padezcan de algún desorden mental.  

Oír voces y desorden mental agudo
El escuchar voces amenazantes o que inducen a acciones involuntarias de la persona, es el tipo más común de alucinación en la esquizofrenia. Las voces describen las actividades del paciente, conversan entre ellas, advierten de peligros e incluso dan órdenes. Estas, junto a otros síntomas positivos como las ideas delirantes, pueden aumentar la desconfianza de la persona y desencadenar una crisis, especialmente en las fases agudas. Felizmente, dichos síntomas en la actualidad se manejan bien. Por ejemplo, un estudio hecho con 950 pacientes con diagnóstico de esquizofrenia paranoide, que tomaban un antipsicótico de segunda generación o la combinación de fármacos, publicado en Acta Psychiatrica Scandinavica (2016),  indica que se redujo drásticamente el número de conductas agresivas en el 95% de los casos. De manera que, este y otros hallazgos, están ayudando a romper el estigma de la violencia que se atribuye a esta condición mental.

Oír voces no es necesariamente dañino

A. Campbell de la Universidad de Manchester (2016), descubrió que alguna gente que oye voces considera a esta experiencia como algo positivo a diferencia de otras que creen que es un grave problema. Aunque oír voces se ha visto tradicionalmente como parte de un desorden mental, los resultados sugieren que es un síntoma más extenso de lo que se pensaba, estimando este fenómeno en cerca del 4% de la población mundial. Campbell, encuentra que algunos de los que oyen voces llevan una vida normal y nunca han sentido la necesidad de asistir a un médico especialista. “De hecho, muchos de ellos describen sus voces como una influencia positiva en sus vidas”.

No le tengas miedo ni a las voces ni a la condición mental
El miedo a tener una condición mental, como a oír voces, está culturalmente determinado e influye en el resultado del tratamiento. Si una persona está luchando para superar el síntoma, pero se ve a sí misma como débil y la sociedad la estigmatiza, es probable que interprete sus síntomas como algo dañino y consecuentemente el pronóstico será sombrío. Por ello, una vez superada las crisis médicas, hay necesidad de ayudar a estas personas a involucrarse en acciones que les sirva para hacer frente a sus síntomas. Para ello, felizmente existe una amplia gama de recursos terapéuticos, ocupacionales y de grupo. Algunos expertos, incluso piensan que no se debe ver a las voces como algo patológico y con necesidad de erradicación, sino como una experiencia significativa y vinculada a la propia historia de vida. Prueba de ello, muchas personas recuperadas y que han regresado a su vida cotidiana, aún siguen escuchando  y negociando con sus propias voces.

Actitudes positivas y estrategias para confrontar las voces
M. Rotman, en su libro “Living with the voices” (2016), sugiere:

•    Respeto y apoyo a los que oyen voces.
•    Los que exitosamente hacen frente, las aceptan y negocian con ellas.
•    No combatir a las voces, tranquilizarse y darle un sentido.
•    Las voces amigables son útiles para tomar control de nuestras vidas.
•    Si oírlas causa estrés, aprender estrategias que le ayude hacer frente.
•    Relajarse y buscar comprender su significado.
•    Hablarse uno mismo usando la lógica para distraer y manejar a las voces.
•    No caer ante la amenaza, impotencia o “miedo de sentirse loco”.
•    Trabajar estrategias para combatir los pensamientos negativos.

Finalmente, las concepciones reduccionistas de la salud mental están cambiando hacia una visión integral, donde las variables socioculturales y el protagonismo de la propia persona juegan un rol importante en la prevención y recuperación. En síntesis, cambiando la persona su relación con las voces, puede ganar confianza y hacer mejor frente a los retos de su recuperación.          
                                                                                                            
Dr. Julio Celada González, Medico-Psiquiatra y Psicólogo
California, USA, 2017



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