La Gratitud: Una Fortaleza Humana


La gratitud, en el marco de la psicología positiva, es estudiada por esta orientación psicológica a partir de la hipótesis que existe en el interior de los seres humanos fuerzas positivas latentes o en estado virtual, que constituyen sus potencialidades. La gratitud, se adscribe  pues en la línea de las fortalezas humanas, especialmente del potencial superior de Trascendencia, en que junto a otras fortalezas permiten forjar conexiones con la inmensidad del universo, proveer significado a la vida y hacerla trascender.

Según Emmons y McCullough, (2003), la gratitud es definida como el sentimiento de agradecimiento y alegría al recibir lo que uno percibe como un obsequio, ya sea un obsequio material proporcionado por otra persona o algo inmaterial, como un momento de paz provocado por la naturaleza. Una respuesta de agradecimiento puede ser considerada una estrategia psicológica adaptativa y un importante proceso mediante el cual la persona interpreta positivamente sus experiencias cotidianas.

Para Alarcón (2010), la gratitud es un comportamiento afectivo que manifiesta la persona motivada por el beneficio recibido, éste se convierte en un estímulo motivador para comportarse de forma prosocial con el dador, procurándole bienestar. Destaca el autor, que la respuesta elaborada por el sujeto receptor conlleva un proceso evaluativo, con una clara percepción positiva del beneficio, y que sin esta consideración no surgirá compromiso de reciprocidad. Por su parte Seligman (2003), define la gratitud como el ser consciente de las cosas buenas que suceden, nunca darlas por sentado y darse el tiempo para expresar agradecimiento.

Diferentes investigadores conciben la gratitud como una conducta compleja que tiene componentes cognitivos como afectivos. Entre los aspectos cognitivos, Moyano (2009) destaca el reconocimiento, cuando se toma conciencia que hemos sido beneficiados y que hay una persona benefactora y, la percepción del beneficio como algo con valor. Emmons (2007), sostiene que hay tres percepciones específicas para sentir agradecimiento; (a) si percibo como más importante lo que he recibido más agradecido me sentiré; (b) si valoro al agente beneficiario experimentaré más agradecimiento y, (c) si percibo el beneficio como un regalo (gratuito), esta cognición transforma cualquier posesión en una vivencia de gratitud. La gratitud o capacidad de ser agradecidos nos permite reconocer los aspectos pasados y presentes como positivos y buenos, aquello que nos ha beneficiado de algún modo y que por lo tanto ha otorgado un significado agradable a nuestra existencia (Peterson y Seligman 2004; Emmons 2007).

            Respecto de los aspectos afectivos de la gratitud, Emmons (2007) sostiene que la gratitud implica una respuesta emocional específica “de sentir gratitud” o “sentir agradecimiento”. Ese componente afectivo debe ser profundo, la percepción de ser beneficiario de un regalo ha de estar acompañado de una emoción positiva e intensa, para que podamos afirmar que una persona está sintiendo gratitud. Emmons y McCullough (2003), basándose en el modelo jerárquico de los afectos de Rosemberg, postularon que la gratitud puede manifestarse en  tres niveles: como emoción, estado anímico y rasgo afectivo.

Dra. Rosario Arias Barahona Guzmán
Presidenta de IPPSE



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