Soledad en el Adulto Mayor


“Si fuego es lo que arde en los ojos del joven, luz es lo que vemos en los ojos del adulto mayor” (Víctor Hugo)

El ser humano es un ser social por naturaleza dado que necesita de los demás para vivir y porque le abruma los sentimientos de soledad cuando no comparte su existencia con otros. Aunque la soledad no produce síntomas externos graves, quienes la padecen afirman que se trata de una experiencia desagradable y estresante, asociada con un importante impacto emocional que se manifiesta por el nerviosismo, angustia, tristeza, mal humor, aislamiento social y sensación de no ser útil para nadie, entre otros.

Soledad y salud

La soledad puede generar graves consecuencias sobre la salud. En el plano físico, tiene un efecto debilitador del sistema inmune, lo cual aumenta el riesgo de padecer o agravar ciertas enfermedades, así como contribuye en el aumento del uso de los servicios médicos y mayor deterioro. A nivel psicológico, la soledad influye en la baja autoestima, sentimientos de inutilidad, cambios de humor, abuso de sustancias, y puede ser la antesala de otros problemas como la depresión e incluso de las ideas suicidas.

La soledad en el adulto mayor

Si la ciencia y tecnología contribuye a prolongar la esperanza de vida de la población, la sociedad como conjunto debiera plantearse acerca del modo y calidad de vida de este creciente segmento poblacional, toda vez que la soledad en los adultos mayores es alta e insuficientemente comprendida y atendida. Sobre todo, porque ellos difícilmente exigen más atención debido a su condición social y a la fragilidad en la que la mayoría se encuentra.

  • Para la opinión de mucha gente es natural verlos aislados, inactivos y taciturnos, como expresión de que es normal verlos así y de que se merecen “descansar”. Como que así se sintieran confortables y con una vida relajada.

  • Los que se sienten solos no provocan una crisis social  porque no tienen las suficientes fuerzas como para exigir sus derechos y no quieren preocupar a los suyos. 

  • Se asocia con la vulnerabilidad, marginación y exclusión social.

  • La soledad en los mayores se relaciona con diferentes factores como la retirada del trabajo, en el que mantenía numerosas relaciones sociales y el fin de la vida laboral puede llevar a sentimientos de desvalorización y aceptación resignada.

  • Otro hecho esencial en importantes sectores de la población es la marginación cultural, lingüística y económica, no solo por parte del sistema sino incluso por la propia familia.
 
Asociado al envejecimiento, también se observa crisis de identidad, de autonomía y de pertenencia. La crisis de identidad se da por las variadas pérdidas que experimenta y su impacto negativo sobre la autoestima.

La crisis de autonomía se da por el deterioro del organismo y las dificultades para hacer frente a las necesidades de la vida diaria. La crisis de pertenencia se asocia con la pérdida de roles y de grupos a los que pertenecía. Cabe agregar que esta sociedad de consumo está más interesada en la capacidad humana de consumir y producir mercancías que en el propio bienestar integral del ser humano.

Haciendo frente a la soledad

Las estrategias para afrontar la soledad son diferentes en función de los recursos al alcance de las personas. Por ejemplo:

  • Hay quienes recurren a las amistades para hacer frente a la soledad.  No obstante, a veces la desconfianza en las amistades por el temor a que trascienda las cuestiones íntimas hace que muchas personas vivan su sufrimiento en silencio.
  • Actividades como las caminatas, jardinería, manualidades, labores de casa y el retorno o aumento de las prácticas religiosas, ayudan a vencer la soledad y a mantenerse en forma.
  • También, han demostrado su utilidad los clubes y centros destinados para los adultos mayores, donde pueden participar en actividades culturales, turísticas y de ocio.
  • Familias y grupos culturales que practican la vida en comunidad suelen ser más inclusivos que las sociedades marcadas por el individualismo.

Por otro lado, no es menos importante practicar el voluntariado, donde la solidaridad y el deseo de ayudar a otros se vuelve también útil hacia uno mismo, satisfaciendo así la necesidad de sentirse útil. Y, sin duda, el rol de abuelo, constituye un modo privilegiado de cualificar las relaciones humanas y trasmitir a los niños los grandes valores de su cultura. Todos ellos, son interesantes modos de hacerle frente a la soledad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza el término de “envejecimiento activo” con la intención de transmitir un mensaje más completo que el de “envejecimiento saludable”.  La OMS, sugiere a los países identificar los factores para ampliar la esperanza de vida saludable, así como la productividad y la calidad de vida en la vejez. Igualmente sugiere, que incluso los que están enfermos o tienen limitaciones también pueden seguir activos y sentirse útiles.

Entonces, si el adulto mayor mantiene una vida activa y dinámica impulsada por motivos que le den sentido a su existencia, puede lograr la maravilla —comprobada por la ciencia— de retrasar el envejecimiento y el reloj biológico  en 10 a 15 años (E. Jiménez, 2016). Si a todo ello, se suma el hecho de fortalecer el estado de ánimo, tenerse confianza y sentirse competente para vivir y merecer la felicidad, puede decirse que cuenta con una poderosa fuerza de vida. La misma que en la cultura hispana, emerge por ejemplo, en la función de “ser patriarca o abuelo”. Además, el papel de abuelo, entre otros, es un extraordinario recurso de sabiduría para la familia y la sociedad, el mismo que política y socialmente merece una urgente revalorización.


Dr. Julio Celada González, Médico-Psiquiatra y Psicólogo

California, USA 2017



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