Vivir en pareja: Semejanzas y Diferencias


Vivir en pareja es una de las experiencias más enriquecedoras que existe. No hay dos parejas iguales, cada una crea su propia fórmula de convivencia y de compartir la intimidad. En esta relación de dos, se pone en evidencia el grado de madurez, comprensión y amor que cada uno aporta para alcanzar el proyecto común. Un buen balance entre las semejanzas y sus diferencias es lo saludable. Quizá la formula sería: En lo esencial: predomine lo semejante. En las cosas transitorias o externas: funcione lo diferente.

Cuando se inicia la relación suele prevalecer las semejanzas (pensamos igual, tenemos gustos parecidos, somos uno para el otro….) A medida que el enamoramiento decae (fase biológica) van “apareciendo” sutiles diferencias, es decir los rasgos propios de la personalidad adquirida, que se van instalando con más fuerza. Y si no atendemos adecuadamente estas diferencias, se convertirán en tristes señales que afectarán el futuro de ambos.

No es raro ver que uno desvalorice al otro (ideas, intenciones, conductas). Ya no buscamos juntos la verdad, sino quién tiene la razón para ganar una discusión. En esta confrontación, el saldo es sentirse perdidos, heridos y sin querer se va confirmando que nuestra elección de pareja quizá estuvo equivocada. Empezamos a recordar todos los malos momentos, sacrificios que hicimos, los desengaños, los años perdidos. Y que ahora ya no estaría dispuesta a repetir.

Este es el momento para hacer un ¡ALTO!

Necesitamos comprender qué está pasando ¿Dónde está el aprecio a mi compañero(a)? Si nos alejamos por nuestras diferencias, debilitamos el sistema - pareja. Pero si validamos estas diferencias en un contexto de crecimiento y amor, podemos encontrar las raíces que nos asemejan, que nos ayudan a fortalecer la relación. Necesito incluir en mi pensamiento y corazón al otro, e incluirme en lo que a éste le acontece. Si estábamos

atascados, salimos juntos; si aspirábamos a un proyecto, lo construimos juntos.

Triunfamos cuando recuperamos el valor de ser uno mismo y cuando valoramos a nuestra pareja en su esencia, donde somos similares como personas y habita la ternura de una amistad sin condiciones. La semejanza de nuestros valores, nos une más allá de las diferencias.

Dicho de otro modo, para construir conscientemente lo que sería el amor real, podríamos:

  •  Validar y aceptar que mi pareja es diferente a mí, es única y no pretendo “cambiarla”

  • Amarla cuidadosamente porque es un ser que la vida me permitió elegir.

  • Cultivar las cosas que nos asemeja y nos une para alcanzar nuestros sueños.

Si algunos de estos puntos son difíciles de superar, necesito trabajar en mí mismo:

  • Reviso mi historia familiar, esas conductas que puedo estar repitiendo de ellos.

  • Examino mis diversos aprendizajes, y cómo he formado mi carácter.

  • Amplío mis valores morales, espirituales y evalúo cuan cimentados están.

  •  Veo el grado de compromiso y participación que he asumido en pareja.

Pero..., si predominaran las diferencias sobre las semejanzas y el amor está ausente, o la violencia instalada, es tiempo de preparar maletas…

Mg. Miguel Benavides Peña

Terapeuta Familiar y de Pareja



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