Construyendo el Optimismo


“Pues yo preferiría ser un optimista loco que un pesimista cuerdo” Albert Einstein

A Delfina, le pesaba sus problemas, estaba triste y salía poco de casa. Ahora, no obstante las dificultades, está muy activa, tiene buen ánimo y es líder en su comunidad. Es más, ha recibido varios diplomas por el excelente trabajo artístico que hace con los “huevos decorativos”. Ella, se define como una optimista realista. 

“Optimismo”, significa tener las  expectativas de que las cosas irán bien a pesar de los contratiempos. Desde una visión realista, el optimismo es una actitud positiva frente a un reto. Es útil, porque impide caer en la apatía o frustración frente a las dificultades.

¿Cómo hacemos frente a los problemas? Los optimistas reactivan su esperanza considerando que de los fracasos se aprende y que se puede cambiar. Así, cuando afronten una nueva situación parecida, pueden mejorar las cosas y llegar a triunfar. Mientras que los pesimistas, creen que las cosas no irán bien, se echan las culpas de sus fracasos e incluso se desesperan. Unas y otras actitudes generan consecuencias muy profundas en la forma de hacer frente a los retos de la vida cotidiana. Uno de los orígenes de la visión optimista o pesimista puede ser el equipaje cultural que enmarca las experiencias de vida. Quiere decir que se puede aprender. También, influyen los sentimientos de auto eficacia, el estado de ánimo y la creencia de que uno es capaz de hacer frente a los problemas en la medida en que se presenten.

Ser optimista realista. Adoptar una actitud optimista no consiste en confiar ciegamente en la suerte, sino de trabajar con entusiasmo y voluntad una propuesta, aunque al principio cueste y haya la necesidad de perseverar hasta conseguirlo. Una reciente investigación hecha con estudiantes universitarios (Chou, L. 2016), muestra que los optimistas realistas son los que llegan a tener éxitos, porque tienen las perspectivas positivas del optimista junto a las perspectivas realistas de lo que puede ser posible, que hace que las personas mantengan los pies sobre la tierra, vean las cosas como son y las hagan frente. También se comprobó que los optimistas realistas tenían más autocontrol y control sobre sus relaciones interpersonales, aportándoles más confianza en sí mismos. El entusiasmo no les impedía pensar con realismo.

Ilusiones, ganas y planes de acción. Está comprobado que las personas que valoran lo que hacen y tienen ilusión por el futuro, tienen más posibilidades de éxito que aquellas que viven del pasado u obsesionadas con el fracaso. La energía que se desprende de las primeras hace que sean más emprendedoras y que no se desanimen ante algún contratiempo. Ocurre lo contrario, cuando hay temor y pesimismo. Tampoco se trata de lanzarse con los ojos cerrados, sino de trazar metas, organizar la estrategia de abordaje, calcular los riesgos e incluso establecer un plan B y C como alternativa, por si las cosas no salen como se habían planteado al principio. También, se trata de ser constante en los deberes, de aprender de los errores, disfrutar de los pequeños logros y de confiar en que se está haciendo bien.

El optimismo se construye. Involúcrate en actividades que te estimulan física, emocional e intelectualmente. Estas, te  permitirán desarrollar nuevas habilidades y te harán sentir bien, útil y competente. Invertir energía en perseguir objetivos alcanzables con actitud positiva es una estrategia más eficaz que trabajar para evadir desenlaces negativos. Ejemplo,  alguien que para evitar ser rechazado se empeña en aislarse, paga un alto precio por esconderse. Igualmente, es útil revalorizar la calidad del tiempo libre y su  significativa influencia sobre el estado de ánimo como precursores del optimismo. Por ello, aviva tus emociones positivas disfrutando el tiempo de ocio, como la excursión, deporte, paseo y otros, sin olvidar el valor explosivo del humor, que actúa como expectorante de los sentimientos negativos.

Fortalece tu optimismo El Dr. A Rojas (2015), sugiere:

•    Conectarse con un ideal o con la espiritualidad, hace que las voces internas de esperanza se alimenten de valores positivos como el amor, la justicia, la libertad o la creatividad. Hay personas que se fortalecen, conectándose con un ser superior o con algún aspecto del universo, como la puesta del sol, la brisa del mar o la majestuosidad de las montañas.

•    Para fomentar el optimismo o protegerlo, resulta útil diversificar las fuentes de satisfacción y compartirlas. Las personas que cultivan con gusto varias actividades diferentes e independientes, disfrutan más de la vida en general y soportan mejor los contratiempos. También, una ocupación estimulante ayuda contrarrestar el golpe de un fracaso. Igual que los inversores reparten su capital en varios negocios ¡es bueno diversificar nuestras parcelas de satisfacción!

•    Otro método eficaz es cultivar un estilo de pensar en positivo. Pensar en cómo pensamos es bueno para descubrir que hay “ideas irracionales” ancladas en nuestra mente, que surgen mecánicamente y hacen daño. ¡Reflexiona sobre ellas y descúbrelas!  Algunas de estas se vinculan con temores infundados y con prejuicios. Luego, trata de moldear tu forma de pensar para que sea más realista y provechosa. ¡Practícalo aunque al principio te parezca artificial!

El optimismo aplicado. Si emprendes una meta con una mentalidad optimista, tu semblante, gestos y palabras parecerán más convincentes, con los cuales impactarás positivamente en la persona de tus sueños, en la que te entrevistará para acceder al trabajo deseado o en tus socios, en la próxima junta de negocios. También, si te decides a salir y caminar para romper la monotonía del aislamiento, habrás dado un gran paso, no solo para sobreponerte del malestar, sino también, para avivar tu llama de optimismo. Es más, si tienes paz interior, fe y optimismo, se incrementarán tus defensas corporales, las endorfinas y estarás favoreciendo tu recuperación y bienestar.

Finalmente, es bueno saber que es posible incrementar o fortalecer el optimismo como actitud, gracias a  que siempre es posible aprender nuevas habilidades, diversificar las fuentes de satisfacción y modular las emociones propias. Entonces, estamos invitados a aderezar con sentimientos positivos nuestros propósitos y acciones, así como a regular nuestras emociones con palabras y pensamientos positivos.
               

  Dr. Julio Celada González, Médico-Psiquiatra y Psicólogo
                                                                                                       
California, USA 2017




<< Ver listado de Noticias