Una Renovada Actuación Familiar


“Sky tiene una condición mental y su pareja no ve esa situación como una barrera, él asume el reto de la recuperación como que ambos son socios del mismo proyecto. Ella, en actitud afectuosa le dice que de los cuidados que los dos se prodigan, obtiene las fuerzas para salir adelante”

Si las familias se quedan atascadas en la preocupación por los comportamientos insólitos, las recaídas y larga evolución del paciente, no les sirve. Sin embargo, cuando recuperan la calma, se organizan y afrontan los retos con actitud positiva, suelen obtener grandes logros.  En nuestra experiencia, las familias entrenadas se mantienen tranquilas a pesar de las recaídas o evitan el descuido ante la sensación engañosa de que todo marcha bien. Toda vez, que la calma y la prudencia son buenas consejeras para acompañar al ser querido hasta que pueda asumir sus propios cuidados. Igualmente, las familias nuevas, aprenden de las veteranas y del “staff” técnicas para actuar mejor, reforzar las acciones positivas, poner límites e inspirar confianza.

La necesidad de distribuirse el trabajo
Cada miembro experimenta distintas emociones y decisiones ante la situación de su ser querido. Unos deciden actuar y otros a esperar. Unos eligen cuidar y acompañarlo todo el tiempo, incluso exponiéndose al rechazo del paciente y a los reproches por sobreprotección de los otros. Sin embargo, se necesita a todos y cada uno puede aportar ayudas. También, cada uno necesita tiempo para sí mismo, para relajarse y así poder ayudar mejor. Cuando todos colaboran y se organizan, el trabajo es más fructífero, el ser querido se beneficia, e incluso toda la familia experimenta cambios favorables y crecimiento.  No obstante, hay quienes piensan que su participación es innecesaria o que la persona afectada podría poner más de su parte.

La madre asume el rol central
Las madres suelen ser los personajes centrales. Asumen con abnegación las labores de cuidado, acompañamiento y guía a favor del tratamiento. Aunque los pacientes suelen pelearse más con ellas, en ellas confían, porque éstas saben manejar argumentos emocionales y verbales convincentes. También, es cierto que son sobreprotectoras y que sin quererlo perjudican a los suyos. Felizmente, aprenden a no estar demasiado pendientes, a separar un tiempo para ellas mismas y a involucrar a los otros, tanto en sus propias tareas como en los cuidados y acompañamiento.

Al Padre le cuesta pero luego lo hace bien

Aunque trabajar fuera de casa otorga la prerrogativa de despreocuparse de los temas caseros, no obstante, la justificación del trabajo no deja de ser una actitud evasiva, no solo porque no desearan colaborar en temas del paciente sino también porque no sabían cómo hacerlo. Padres, que impresionaban como seguros de sí mismos, resultaron ser blandos y manejables por las presiones  o amenazas. De modo que necesitaban estar más tiempo con su ser querido, para practicar las habilidades persuasivas y negociadoras con el objeto de encontrar salidas a determinados impases. En ocasiones, en su intento por mantenerse firmes terminaban siendo rígidos o se mostraban furiosos  ante situaciones manejables. Felizmente, la mayoría de papás se dieron el tiempo para ensayar nuevas habilidades, aprender cómo y cuándo ser flexibles, firmes, indiferentes o a reforzar los comportamientos positivos. Al cabo de un tiempo, ver que el cliente y su padre se comunicaban mejor, salían juntos a pasear y que había más confianza entre ellos, era gratificante para todos.

Los hermanos brindan una excelente contribución
Ellos han adoptado diferentes actitudes según sean chicas o chicos, y mayores o menores que el paciente. Algunos, preferían mantenerse al margen porque habían tenido muchos problemas con él/ella durante las crisis o porque se sentían desplazados ya que los padres dedicaban más tiempo al paciente.  La  cercanía por la edad y los gustos favorecieron la ayuda de los hermanos, por ejemplo, a mantener las amistades comunes para evitar el aislamiento. Cuando salían a pasear o al cine, los hermanos actuaban con mayor espontaneidad que los padres y los pacientes sin opción a pensar mucho se dejaban llevar e incluso se sentían bien compartiendo actividades. En ocasiones, los hermanos saben más de los miedos y planes del paciente, razón por la que la información acerca de la condición mental también debe llegar a ellos para que sepan cómo actuar.

Una pareja afectuosa
La pareja juega un papel esencial, ya que el vínculo afectivo que los une ayuda a la persona afectada a abrirse, hablar de sus miedos con tranquilidad y aceptar las salidas propuestas. También, demuestra que alguien muy especial como la pareja se preocupa y quiere ayudarle. Ciertamente, las decisiones difíciles, como una hospitalización por ejemplo, cuando son acordadas entre ambos, les ayuda a minimizar el impacto y aceptar dar ese paso. Igualmente, la pareja tiene el poder de persuadir, motivar, fomentar la esperanza y a involucrarse en acciones diarias que han de traducirse en logros a favor de la recuperación. “Ricardo, confía en su esposa,  practica la relajación con el apoyo de ella y durante muchas madrugadas consigue contrarrestar las crisis de pánico, evitando así  ir  al servicio de emergencia del hospital”. Del mismo modo, la pareja ayuda a recuperar el ánimo, a valorar sus capacidades, mejorar la autoestima y a no sentirse avergonzado por la condición mental.

Unos hijos muy responsables
Los hijos, también son fuentes motivacionales que ayudan a sobreponerse. Por ello, las madres o padres afectados por una condición, aceptan seguir el tratamiento y suelen decir que consiguen salir adelante por ellos. Los niños siguen con facilidad las instrucciones de cómo ayudar a sus progenitores y por supuesto suelen convencerlos para que tomen sus medicinas o salgan a caminar. Otros, lo pasan mal, sufren e incluso viven situaciones de desconcierto y trauma, debido a los altibajos paternos y reacciones emocionales inesperadas, como los mimos desmedidos o gritos y castigos. Sin embargo, consiguen superar las adversidades  y secuelas de los impactos en la misma proporción, que la madre o el padre se dejan ayudar y trabaja su recuperación. “A decir de Dany, talentoso estudiante que quiere ser un doctor para ayudar a los demás. Si la enfermedad de su madre lo hizo fuerte, la recuperación de ella, le está dando la fuerza suficiente para ser el mejor entre sus compañeros de estudio”.

Dr. Julio Celada González, Médico-Psiquiatra y Psicólogo

California, USA 2017



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