Resiliencia, un recurso para salir adelante.


Se había desatado un incendio en el bosque y todos los animales huían; Sin embargo, un colibrí iba y venía llevando una pequeña cantidad de agua desde un lago cercano hasta donde había fuego. Le preguntaron sorprendidos, de por qué  lo  hacía,  él dijo “yo estoy haciendo mi parte”. Los animales regresaron y entre todos apagaron el fuego. Desde entonces, el admirado colibrí se convirtió en el consejero del bosque (Anónimo).

¿Por qué unas personas salen adelante después de haber sufrido adversidades serias mientras que otras quedan afectadas para toda la vida? A este respecto, ha surgido una visión más optimista, de los enfoques psicológicos y sociales del proceso: adversidad-superación o salud-enfermedad. Al decir de un experto: “hasta ahora nos hemos centrado en donde las personas han estado y les ha ido mal, ¿por qué no centrarnos en donde aún no han estado y les puede ir bien?”.

Un enfoque preventivo y recuperador, no fatalista

En el contexto actual, se promueve el enfoque preventivo, promocionador y de recuperación de la salud. De allí que se resalta el concepto de “resiliencia”, para referirse a la “capacidad de las personas para afrontar, sobreponerse, salir airosas y más fortalecidas de las adversidades (abusos, violencia, desastres, enfermedades, otros). También se refiere a como ser más plenas de recursos, sin perder la capacidad de ser un buen ser humano. Es decir, el concepto de resiliencia desafía la visión fatalista por la cual, la adversidad tenia siempre un efecto devastador sobre las personas. Porque, quienes lograban vencerlas quedaban heridas, endurecidas y desconfiadas por el amargo episodio pasado, lo que las impedirá en el futuro recuperarse plenamente y alcanzar el bienestar.

Se trata de vivir plenamente y no solo existir

Los acontecimientos adversos suponen una alta dosis de sufrimiento y malestar, si no ¡no fuera humano! Por ello, ser resiliente no significa esconder lo emocional, por el contrario, se “legaliza” la expresión de los lógicos sentimientos que acompañan a las situaciones dolorosas para superarlos y para que no sigan martillando toda la vida. Ciertamente, es bueno sacar los recursos disponibles y trabajarlos para vivir con más confianza y dignidad para no seguir simplemente existiendo, como si el mundo hubiese dejado de girar. También, para poder decir que “de los palos que me ha dado la vida, aprendí, y libre de dolor, tengo el coraje de decir ¡te quiero vida!” ¡Eso es resiliencia!

Salir fortalecidas de las adversidades

Es cierto que las adversidades lastiman y laceran. A nadie le causa satisfacción tener una enfermedad, perder los bienes en un desastre natural, romper con una pareja con quien se había hecho proyectos de vida o perder a un ser querido. Sin embargo, la resiliencia permite: el desarrollo de emociones, actitudes positivas y la elaboración de ideas y equipamientos creativos para hacer frente esos problemas. También, en flexibilidad cognitiva para hacer una decisión correcta, entrenarse y entrar en acción. Del mismo modo, promueve la esperanza y el optimismo para atenuar los eventos estresantes, así como, estimula la confianza en las propias capacidades.

Tú, puedes ser una persona resiliente

No es tarea simple, pero es posible lograrlo para el bienestar propio y de aquellos que te rodean. Cuando se logra, la vida se valora mejor. Tú puedes promover lo siguiente:

  • Independencia para mantener la distancia emocional sin caer en la emotividad ni aislamiento. También creatividad, para ponerse a prueba en tareas cada vez más exigentes y alcanzar el bienestar.
  • Relaciones humanas positivas para la construcción de redes de apoyo en vez de hacer luchas solitarias. Hay una bella anécdota de alguien recién diagnosticado de depresión severa que le pregunta a su esposa: ¿qué es lo que tengo?! Y ella firmemente le dice “no tienes, ¡tenemos!” 
  • Actitud positiva (esperanza, perseverancia) para mirar la adversidad como reto o desafío más que como pérdida o amenaza. Por ejemplo: “mientras hay retos hay posibilidades o si hay vida hay esperanza”. 
  • Sistemas de creencias, valores y propósitos  –no importa que sean religiosos, ideológicos o humanísticos- para tener fortaleza y decisión. Estas, no deben estar lejos del humor, para darle sentido al vivir aún en las peores situaciones. Lo cómico en la propia tragedia ahorra emociones negativas y ayuda soportar mejor las situaciones adversas. Y tú, ¿cuánto confías en ti mismo?
Solidaridad, resiliencia y acción grupal

Un grupo es resiliente, cuando usando principios de solidaridad y apoyo mutuo moviliza y envuelve al colectivo en el afrontamiento de problemas comunes. Es más, el grupo se fortalece con actitud positiva para nuevas acciones restauradoras y preventivas. Sin embargo, es usual que al inicio, solo haya iniciativas individuales, pero estas tienen el poder de impactar positivamente en los demás, empoderándolos. “Claudia, quien hace frente a la depresión, un día, el que no era de los mejores, se obligó acompañar a su amiga Ana para que no falte a una cita. Sus compañeros del grupo, valoraron el gesto, desde entonces unos acompañan y motivan a otros, a buscar trabajo o ir a la terapia”.

Finalmente, al hablar de resiliencia, desde lo semántico, solo estamos usando una palabra nueva para referirnos a actitudes positivas de la mujer y de los hombres tan viejos como su propia historia. Pero amerita proponerse ser resilientes como una actitud vital... Tal vez gracias a ésta, la humanidad ha llegado a ser lo que es, después de milenios de existencia. 

Dr. Julio Celada González, Médico-Psiquiatra y Psicólogo

California, USA 2018  



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