Valor Terapéutico de la Música y del Baile


“Las investigaciones sugieren que la música y el baile hacen sentir bien porque estimulan la secreción de los opioides y endorfinas, sustancias naturales del cuerpo que favorecen las funciones físicas, emocionales y mentales. También, son usadas en la recuperación de personas con estrés, depresión, esquizofrenia y otras condiciones” (SAMHSA, 2018)

La música, como  las amorosas canciones de cuna, las románticas melodías de boda y las marchas fúnebres, está presente en todas las etapas de la vida. Moviliza la sensibilidad emocional, clarifica las ideas y nos libera de situaciones de angustia o aislamiento. Como vibraciones sonoras que son, estimulan la actividad cerebral e impactan en todo nuestro ser, cual bálsamo energizante o terapéutico.  Es más, unida al placer de la ejecución o la audición musical surge la inspiración y la creatividad, permitiendo desarrollar y descubrir talentos, mejorar los vínculos sociales y aumentar la confianza personal y la autoestima.

Música, sistema nervioso y efectos saludables

La música clásica relaja, la romántica inspira, la tropical alegra y el rock impulsa al movimiento. Se ha descubierto que ciertas melodías, acordes con su armonía, ritmo y la memoria musical del oyente, provocan modificaciones en los ritmos “alfa” del cerebro, de allí que cuando escuchamos una melodía propia de nuestros acervos culturales, el cuerpo vibra y seguimos automáticamente su ritmo. Será por ello que cuando Enrique, nuestro excelente director de música, ameniza con su guitarra las reuniones de nuestros grupos, los integrantes vibran emocionados, cantan y se sienten más confortables.

También la música, estimula las funciones corticales del cerebro, especialmente del lado derecho, responsable de los sentimientos y de la imaginación, y al sistema límbico donde las emociones son procesadas. Se ha demostrado que la música puede ejercer acciones sobre diversos órganos, como el ritmo cardíaco, la tensión arterial, la secreción de los jugos gástricos e intestinales, la tonicidad muscular, el funcionamiento de las glándulas sudoríparas, el equilibrio térmico de la piel, y otros, además de las variadas vivencias emocionales y mentales.

Valor terapéutico de la música

La música hace grande las vivencias emocionales, en favor del confort y la alegría, aunque también de la añoranza y el lamento.  Sirve para asociar con la memoria histórica, exteriorizarla y procesar el material emocional abrumador desde una distancia segura. Una excelente cantante e integrante de nuestro grupo de familiares de clientes, dice:
“Cantando las canciones del J. Alfredo Jiménez y Juan Gabriel, me llenaba de fuerzas cada mañana, veía el día con más esperanza, pude ayudarme y ayudar a mi hijo a salir de la depresión”.

Es decir, la escucha o ejecución musical favorece la expresión de emociones como la alegría y la motivación de una manera no verbal. Igualmente, la música al influir sobre las emociones tiene la capacidad de estimular o reprimir ciertas funciones del organismo, a la cual es conveniente prestarle mucha atención. También, los expertos usan la terapia musical para despertar la atención, mejorar la concentración y estimular la memoria y la imaginación de sus clientes.

La danza y el baile

Tienen la enorme capacidad de relajar el cuerpo, sincronizar los más variados movimientos y expresar vivencias emocionales gratificantes. Obviamente, el tipo de música genera determinadas formas de movimiento relajante o energizante, los cuales son útiles en esta sociedad acelerada. Así mismo, favorecen las relaciones humanas y la expresión de los sentimientos.
Por otro lado, el baile como técnica terapéutica, trabaja con la energía, las emociones y el movimiento sincronizado del cuerpo, valiosas fuentes para la salud física y mental. También, ayuda a mejorar la postura corporal, la coordinación motora y el conocimiento del cuerpo y sus posibilidades, así como, fortalecer la autoestima y una actitud positiva respecto a si mismo y al entorno.

Danza y cultura

La danza como un movimiento rítmicamente estructurado, es el conocimiento encarnado que más allá de lo artístico y social, incluye expresiones corporales producto de las tradiciones o aprendidas mediante técnicas. Desde un punto de vista cultural, la danza rememora el pasado y las tradiciones de los pueblos, conectando y fortaleciendo al individuo desde sus raíces. Entre otros, expresa simbólicamente el significado de la vida, el trabajo, las costumbres, etc.  Por ello, sirve a las nuevas generaciones para reafirmarlas en sus valores y tradiciones, como también, para motivar a las personas en su diario accionar, para celebrar una victoria o para minimizar la frustración de una derrota.

Cuando Modesta, nuestra líder de grupo de apoyo, se viste con un precioso atuendo nahua, y cual princesa guerrera llena de fuerza y poder, danza al compás de la música y del rítmico sonido de los cascabeles que lleva en sus tobillos, sus engreídos Michelli, Graciela y Ricardo, jóvenes en proceso de recuperación, no solo la observan atentos, imitan sus movimientos rítmicos, se alegran y se contagian de la fuerza que irradia su progenitora, sino también se sienten orgullosos de sus raíces y de su cultura”.

Finalmente, la música y el baile atraen a la gente, ayudan a liberar las tensiones, motivan y permiten ver las cosas con más optimismo. Igualmente, en la vida cotidiana, en todas las culturas, la música y el baile tienen un valor sentimental profundo, son valiosos recursos para la salud y el bienestar.

Dr. Julio Celada González, Médico Psiquiatra y Psicólogo
California, USA 2019
 



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