FORTALEZAS CÍVICAS DE LA VIRTUD DE JUSTICIA Desde el enfoque de la Psicología Positiva


Las fortalezas de carácter que se atribuyen a la virtud de JUSTICIA son ejemplo de participación en una vida comunitaria sana y nutritiva, que conlleva saber trabajar en equipo para el otorgamiento de confianza social; tener una mentalidad justa para involucrarse en actividades prosociales y positivas: así como llevar a cabo prácticas y desarrollar cualidades personales que faciliten procesos grupales y ejercer el papel de líder.

El TRABAJO EN EQUIPO
, significa realizar un buen trabajo como integrante de un equipo o grupo, desempeñando lo que a uno le toca hacer, con despliegue de actitudes de compromiso y lealtad. Su punto central es la cualidad de participación y aportación al esfuerzo del grupo.

El trabajo en equipo comporta las dimensiones de civilidad, responsabilidad social y lealtad, que muestra a una persona que forma parte de un grupo o equipo como cumplidora de sus deberes de ciudadano, que respeta las leyes y normas, con capacidad de ser leal y mantenerse comprometida. Extiende su contribución voluntaria al funcionamiento correcto de la sociedad en su conjunto con la promoción del bienestar de los conciudadanos y protección del ambiente.  

La EQUIDAD comprende tratar a todas las personas como iguales en armonía con las ideas de imparcialidad y justicia. Subyace a este potencial cívico haber adquirido una mentalidad justa, que nos lleva a relaciones basadas en la dignidad y respeto, brindar las mismas oportunidades y dejar de lado que los sentimientos personales influyan en decisiones sobre los otros.

La equidad está basada en la justicia y el razonamiento moral, es decir en aplicar principios morales para actuar y juzgar respetando la verdad, con la capacidad de realizar un análisis crítico frente a una determinada situación en la que no es posible obtener una respuesta apropiada; así como darnos cuenta de nuestro actuar correcto o no.

El LIDERAZGO puede ser entendido como una cualidad  personal que comprende la motivación y la capacidad para buscar y realizar el rol de líder; así como una práctica en la que se define una dirección y se facilita el proceso grupal.

El Liderazgo tiene su identidad en la influencia positiva en los demás, en la animación del grupo del que uno forma parte para hacer tareas y cosas, así como en reforzar las relaciones entre las personas, organizar actividades grupales y llevarlas a buen final. En dicho proceso destaca la flexibilidad de quien lidera en adaptar su estilo de liderazgo, predisponerse a formas distintas de responder según las diferencias individuales de los miembros y a las situaciones.  (Niemiec, 2018).
Requerimos de líderes positivos, vale decir, esas personas en las que sobresalen la perspectiva moral positiva y el autoconocimiento, que motivan a los trabajadores y promueven su crecimiento, además de favorecer la identificación personal - social con los seguidores y los intercambios sociales de calidad (Martínez, S., 2019).


Dra. Rosario Arias Barahona Guzmán
Presidenta de IPPSE



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